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Muchos son los que buscan la verdad por el mundo. Pero pocos los que la enseñan y, aún entre estos últimos, muchos están equivocados. Existen conocimientos incomprensibles, místicos, imperceptibles para la gente o inútiles para la vida práctica.
Georges Ohsawa fue el que habló de la felicidad eterna, de la libertad infinita y de la justicia absoluta. No sólo habló sino que enseñó su método práctico aplicable a la vida moderna, y así fue como produjo tantos practicantes en toda Europa, Estados Unidos, América Latina y países de Extremo Oriente.
El punto de partida de esta revolución es el establecimiento de la salud individual por la alimentación cotidiana, y Ohsawa denominó ese método práctico "La Macrobiótica". En su primera parte este libro explica qué es la Macrobiótica y cómo practicarla.
La segunda parte, escrita por Ohsawa en el año 1966, poco antes de su muerte, constituye el informe sobre el Método de Educación, que fue experimentado no solamente en Japón, sino en el mundo entero, por más de 56 años.
Aquí Ohsawa compara la educación occidental, basada en el juicio sensorio del hombre y cuya finalidad -dice- es la conquista de la naturaleza, con la proveniente de Extremo Oriente que, desde el principio, hace 5000 años, era profundamente espiritual y enseñaba que la adaptación a la naturaleza era el camino para llegar al juicio supremo.
Ohsawa propone un método de educación para la vida cotidiana que logra la paz profunda empezando por los individuos y siguiendo por las familias, los países y el mundo entero. Es el método macrobiótico de paz para todos, no importa cuándo ni dónde. Es la educación fisiológica y biológica milenaria de Extremo Oriente, que propone como único camino para evadir la desdicha y lograr la verdadera realización de la humanidad.
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